
La halitosis, también llamada mal olor de boca puede deberse a varias causas: El consumo de detereminados alimentos “olorosos”, como los embutidos, la cebolla, el ajo y algunas salsas picantes. Enfermedades bucales, como la gingivitis, caries, infecciones, falta de salivación. Enfermedades orgánicas, como el mal funcionamiento del hígado, úlcera, diabetes o determinados tipos de cáncer. O/y estrés o ayuno.
Desde un punto de vista alimentario, la principal causa es el ayuno parcial; es decir, dejar de transcurrir más de 3 horas entre una comida y otra. Para evitar este tipo de “mal aliento” hay que comer algo al menos 6 veces al día. No es preciso que cada vez que se haga esto haya que sentarse a la mesa. Debe ser un simple aperitivo entre las principales comidas (desayuno, comida y cena) como tomar una fruta, un zumo, una galleta, un par de almendras, un café o té, o un yogur. El fundamento de ello es evitar la segregación excesiva de jugos gástricos, que al no tener un alimento sobre el que actuar, acaban “digiriendo” las propias paredes estomacales, provocando ese olor característico que sube por el esófago y sale al exterior. Tampoco hay que olvidar una correcta hidratación; hace falta tomar 2 litros diarios, aproximadamente unos 8 vasos de agua. En ocasiones el mal aliento se produce por la falta de salivación y sequedad de la boca.
En casos de enfermedades bucales, estomacales o halitosis fuerte es adecuado realizar enjuagues de salvia y eucalipto (una cucharada de cada por vaso de agua) diariamente y tomar infusiones de menta-poleo 2 veces al día.











